lunes, 16 de diciembre de 2013

NI BIRLANDO LA SOBERANÍA NACIONAL

Ni por esas. Según distintas encuestas publicadas sobre un referéndum que, por su carácter manifiestamente anticonstitucional e ilegal (amén de ridículo, empezando por las preguntas 'consensuadas' por las ramas del nacionalismo, delirantes y grotescas), ni debería celebrarse ni, en consecuencia, va a tener lugar, el separatismo catalán no lograría ni de lejos la mitad de los votos en una hipotética consulta. Es decir, que ni apropiándose de la soberanía nacional española (que no otra cosa es lo que pomposa e insistentemente llaman 'derecho a decidir') conseguiría el nacionalismo catalán sus objetivos. Parece ser que, afortunadamente, décadas tanto de adoctrinamiento en el nacionalismo obligatorio en las aulas, como de práctica hegemonía nacionalista en los medios de comunicación catalanes, no han sido suficientes para que una Cataluña feliz y liberada de la opresora España sea sentida como una necesidad imperiosa por la generalidad de la sociedad catalana, por muchos adeptos que al rencor y al odio hacia lo español hayan aun así logrado engendrar.

Sin embargo, es oportuno resaltar que el hecho de que, por ejemplo, consiguiera el nacionalismo separatista el 90% de las adhesiones no proporcionaría la más mínima legitimidad al referéndum que pretende celebrar, ya que la soberanía nacional reside en el conjunto del pueblo español. Al cual, en virtud de una Constitución que nos dimos en su momento los españoles (incluida una aplastante mayoría, entonces sí, de los electores catalanes), le competiría dilucidar sobre la integridad de España; para más inri, y pese a las mentiras del nacionalismo y buena parte del izquierdismo, el país de Europa con mayor tradición de Estado unido. Porque el verdadero 'derecho a decidir' corresponde ejercerlo a quien ostenta la soberanía nacional, no a quien quiera trocearla ni birlarla.

Frente a este nuevo paso dado por el chantaje independentista, se debe oponer ley, Constitución y unidad nacional. En este sentido, cabe felicitarse por que el PSOE, obviando disensiones internas surgidas dentro de su 'partido-hermano' en Cataluña, se haya situado claramente junto al Gobierno del PP en su rechazo al ardid secesionista del nacionalismo catalán. Y así debe ser: sin duda, que los dos principales partidos nacionales defiendan, al unísono y sin ambages, principios y valores fundamentales como son la soberanía nacional y la unidad de España fortalece nuestra democracia y nuestro Estado de Derecho y aleja el peligro de ruptura de nuestra nación. Sin que ello signifique que no se deba mantener la firmeza frente al separatismo. Ahora, más que nunca.