miércoles, 11 de diciembre de 2013

LA PRIMA, ANTES Y DESPUÉS

La hace poco tan temida prima de riesgo se ha situado alrededor de los 220 puntos básicos, con lo que ha llegado al nivel más bajo desde junio de 2011; en total, ha descendido casi a la mitad a lo largo del presente año. Muchos de quienes antes presentaban, convenientemente resaltadas, aquellas meteóricas subidas del indicador de principios de la legislatura como muestra de una supuesta incapacidad del Gobierno de Rajoy para generar confianza, y que ciertamente parecían ponernos al borde de un rescate indeseable y oneroso, resulta que ahora no le dan tanta importancia a la evolución de la prima de riesgo, o bien aseveran que de poco sirve dada su escasa incidencia en la economía de a pie.

Pero, bien al contrario, de la reducción de la prima de riesgo se benefician, por una parte, las cuentas del Estado, que de esta forma ahorra dinero al lograr financiar su deuda a un coste considerablemente menor (sin ir más lejos, en la última subasta el bono español a diez años ha cerrado al 4% por primera vez desde 2010), y gracias a lo cual podrá destinar dinero a otras partidas, como prestaciones al desempleo o inversiones en infraestructuras; y por otra parte, las empresas españolas, que pueden también financiarse con mayor facilidad en los mercados y, por tanto, expandirse y generar más puestos de trabajo.

En suma, la mejora de la 'macro' suele anteceder a la de la 'micro', porque la una conduce a la otra. Y si las subidas de la prima de riesgo nos llevaban a la zozobra, a vaticinios catastróficos e incluso a cargar contra un Gobierno recién aterrizado en el poder, deberíamos ahora congratularnos de sus reducciones, destacarlas adecuadamente y, aplicando entonces un mínimo de coherencia, reconocerle algún mérito, siquiera mínimo, al actual Ejecutivo y sus controvertidas políticas económicas: porque si se le responsabilizaba incluso de las consecuencias de una situación económica heredada, alguna contribución, aunque sea en menor medida, habrá de reconocerle en la mejoría actual.

Ello no significa que se tenga que obviar la influencia tanto de las perspectivas de crecimiento económico general en Europa como de aquel punto de inflexión marcado por Mario Draghi, cuando declaró solemnemente que el BCE 'haría todo lo posible' para preservar el euro. Pero, del mismo modo, también resulta cicatero negar que la mayor confianza que transmite ahora nuestra economía se debe, al menos en parte, en la imagen de rigor y solvencia que han generado las medidas de ajuste y reformas económicas del Gobierno de Rajoy.

Aunque se ha de partir de un hecho incontestable: quien merece la práctica totalidad de los elogios es una sociedad civil española de nuevo a la altura de las circunstancias; muy especialmente aquellos sectores más dinámicos y emprendedores que han sabido hacer frente a las peores adversidades, y que liderarán la recuperación económica que parece vislumbrarse.