lunes, 18 de noviembre de 2013

MITAD DE LEGISLATURA: EL PP SE DESGASTA, PERO RESISTE

A casi un mes de alcanzar la mitad de la legislatura (porque cabe recordar que el PP ganó las elecciones generales el 20 de noviembre de 2011, pero no empezaría a gobernar hasta más de un mes después), las encuestas continúan señalando el gran desgaste experimentado por el partido del Gobierno, derivado fundamentalmente de las medidas impopulares que se ha visto obligado a adoptar tras la ruina zapaterina. Aun así, y según el diario 'El Mundo' (no precisamente proclive a Rajoy, bien al contrario), el PP supera en 3,5 puntos (ventaja bastante menor a la mostrada fechas atrás por el CIS) a un PSOE que, lejos de comenzar a remontar, sigue descendiendo en intención de voto, por extraño que resulte en un partido que en la oposición debería verse alguna vez mínimamente beneficiado por la pérdida de imagen del Ejecutivo; por su parte, 'La Razón' (medio, éste sí, mucho más favorable al presidente del Gobierno) publica un estudio demoscópico sobre elecciones autonómicas, del que muy significativamente se desprende que el PP ganaría en 9 de 13 Comunidades Autónomas: revalidaría sus mayorías absolutas en Castilla-La Mancha, La Rioja, Murcia y Castilla y León y su mayoría simple en Aragón (tendría que repetir su acuerdo con el PAR), si bien en Madrid, Comunidad Valenciana, Baleares y Cantabria pasaría a necesitar del concurso de otros partidos para gobernar (con el consiguiente riesgo del surgimiento generalizado de pactos de 'todos contra el PP', panorama político nada improbable); en Extremadura perdería por apenas ocho décimas, desventaja que se antoja absolutamente remontable.

Obviamente, del 'voto del descontento' se beneficiarían fundamentalmente los 'partidos protesta', IU como la rancia izquierda radical de siempre y UPyD como centro-izquierda que se presenta como 'transversal' y desideologizado; ambos experimentan una sensible subida electoral. Ahora bien, la principal causa del considerable descenso en intención de voto del PP, consecuencia del desencanto con un Gobierno que ha tomado medidas complicadas en un escenario de grave crisis económica, además de con la política en general, la seguimos encontrando en la abstención; y es ahí donde el partido de Rajoy tendría que centrar sus esfuerzos y aspiraciones de crecimiento electoral, intentando recuperar la confianza de aquellos que tampoco estarían dispuestos a transferir su voto a ningún otro partido. Algo perfectamente factible, sobre todo a partir de que el ciudadano medio empiece a notar con cierta nitidez la recuperación económica, situación a la que todavía no se ha llegado.


Eso sí, el PP no debería limitarse a esperar a que la mejoría de la economía cale por sí misma, sino además explicar con claridad las reformas llevadas a cabo (que han de continuar), en qué medida han contribuido a la recuperación y, por supuesto, no dejar de recordar de dónde partimos. Tampoco estaría de más empezar a buscar la reconciliación con amplios espectros de su electorado más tradicional, para más inri especialmente sensibilizado los últimos días por la suelta de etarras y demás criminales en aplicación e interpretación de la sentencia de Estrasburgo: urge convertir por fin en iniciativas de Gobierno y parlamentarias importantes apartados de su programa electoral, no solo en materia antiterrorista, sino, por ejemplo, también relativos a bajadas de impuestos y la prometida derogación de la actual y zapaterina ley del aborto. 

Sea como fuere, demos tiempo al tiempo, actitud que suele resultar conveniente; sobre todo en política. Todavía tenemos media legislatura por delante.

2 comentarios:

kielvi Gr dijo...

Hola.
También podría dejar claro a su electorado si tomará cartas en el asunto sobre Estrasburgo y la petulante pretensión de la iglesia católica de mostrar a un PP totalmente homogéneo con sus pretensiones.
¡Ojito! que me molesta que se metan con los católicos pero me revienta que Rajoy no deje claro que no es un partido religioso y no les pare los pies cuando afirman que su electorado están esperando la derogación de la Ley del Aborto. Esa ley no es zapaterina exclusivamente y su electorado no le está exigiendo eso, solamente una parte de él. Y por cierto, si miramos a las iglesias los domingos vemos que es una pequeñísima parte en relación al resto.
Su electorado le pide firmeza con los etarras, que elimine administraciones públicas duplicadas. Que elimine gasto innecesario y otras cosas más como la reforma de la ley electoral y de partidos, las administraciones públicas, ... no la reforma laboral, ni la ley del aborto, etc. Esas peticiones vienen de la conferencia episcopal y sus acólitos. Por favor, ¿quieren sacar a los obispos de la política?

Pedro Moya dijo...

Uno no es precisamente una persona religiosa; pero si algo espero de la Iglesia católica es que defienda la vida humana desde su misma concepción, porque forma parte esencial de su doctrina y sus principios. En cualquier caso, incluso absteniéndose de adoptar un punto de vista estrictamente religioso, la vida es el derecho más básico y fundamental del individuo, porque sin él, obviamente, no puede ejercer ni ser sujeto de otros derechos y libertades; así pues, la primera manifestación concreta de una vida humana, que es el feto, ha de contemplarse como un bien a proteger exceptuando casos extremos y claros, y para ello debería plasmarse en ley la doctrina del Tribunal Constitucional que así lo establece. Desde luego, lo que sí es un completo dislate desde cualquier punto de vista es suscribir la doctrina Aído: 'el feto es un ser vivo, pero no humano', como si fuera producto de la generación espontánea, o quizá de un origen extraterrestre.

De todas formas, la reforma de la, en efecto, zapaterina ley del aborto (que convierte una salida indeseable, en primer lugar para la propia mujer, en un derecho) está incluida en el programa electoral con el que el PP concurrió a los últimos comicios generales; y, por tanto, ha de dar cumplimiento a tan importante compromiso adquirido con el electorado en general. Y no se preocupe: los obispos están tan fuera de la política que la reforma legislativa que va a plantear el Gobierno se encuentra bastante alejado de sus pretensiones, que pasarían por abolir completamente el aborto.