sábado, 5 de octubre de 2013

¿SON TAN MALOS LOS REPUBLICANOS EN EEUU?

El cierre (parcial y a buen seguro coyuntural) de la Administración Federal en Estados Unidos, consecuencia del desacuerdo presupuestario entre una Cámara de Representantes republicana y un Senado y una presidencia demócratas, se nos presenta por parte de la práctica totalidad de los medios de comunicación españoles y europeos aplicando el maniqueísmo de rigor: demócratas buenos vs. republicanos malos. Sin embargo, no se hace la referencia debida a que la democracia norteamericana concede la primacía al Congreso en la aprobación de los presupuestos, bajo el principio de que el Gobierno no debe incurrir en ningún gasto que no haya obtenido el visto bueno de los representantes del pueblo; quienes además, como tales, han de rendir cuentas directamente ante el mismo electorado que les ha votado en su distrito. Y sabido es que el 'Obamacare', pese a que en Europa pueda resultar incomprensible, concita el rechazo de un número más que respetable de norteamericanos que lo consideran una indeseable intromisión en sus vidas.

Sin embargo, el presidente Obama no se muestra muy dispuesto en esta ocasión a ceder en su reforma sanitaria, el principal impedimento puesto por una mayoría republicana en la Cámara de Representantes que, nos guste más o menos, recoge una demanda muy generalizada en la sociedad norteamericana, escasamente inclinada a un paternalismo estatal que en Europa consideramos normal y exigible. Sea como fuere, desde que se aprobara el 'Obamacare' en virtud de las mayorías que en aquel momento ostentaba el Partido Demócrata en ambas Cámaras, se ha planteado en EEUU un debate que en Europa, donde prácticamente desde sus orígenes con Bismarck consideramos indiscutible, y por ende intocable, el sistema de Seguridad Social, está sencillamente vedado: ¿qué es preferible, que el ciudadano pague menos impuestos y, por tanto, disponga de más efectivo propio para usarlo en lo que considere oportuno, o bien que el Estado retraiga forzosamente al contribuyente más dinero para que aquél lo emplee en proporcionar atención sanitaria? 

Los europeos, acostumbrados (quizá con la única excepción de los británicos) a convivir desde que nacen con un Estado intervencionista y paternalista que todo lo provee, y por tanto ávidos de que les cubra las necesidades básicas, se decantan obviamente por la última opción de manera generalizada. En cambio, los norteamericanos, de arraigada cultura de libertad individual, creen mayoritariamente que el Estado no es quién para inmiscuirse en un asunto que debería ser de libre elección y responsabilidad del individuo, máxime cuando se trata de su propio dinero. Porque, simplemente, en la sociedad estadounidense se sitúa la libertad por encima de la seguridad personal.

Por tanto, cuando los representantes republicanos de la Cámara se oponen al aumento de la deuda exigido por la implantación de la reforma sanitaria, no es debido a una maldad intrínseca de una derecha norteamericana intolerante, vil y surgida de la América profunda, sino a una exigencia directa del electorado de cada uno de sus distritos, muy reacio a que el Gobierno continúe endeudando a generaciones de estadounidenses con proyectos que consideran intervencionistas y limitadores de la libertad individual. Lo demás es echar mano de los tópicos de siempre.