miércoles, 18 de septiembre de 2013

NO A ISABEL Y FERNANDO; SÍ A LOS BUENOS NIÑOS DE CATALUÑA

Ha sido muestra tremendamente indicativa del sectarismo, cerrazón y consecuente intolerancia del nacionalismo el hecho de que el Ayuntamiento de Barcelona, presidido por el convergente secesionista Trías (el mismo que despreció y vejó la candidatura olímpica de Madrid poco después de ser rechazada), haya prohibido el rodaje de secuencias de 'Isabel' en el Museo de la Historia. Y para más inri, aduciendo razones de ¡falta de rigor histórico! Tiene gracia viniendo precisamente del nacionalismo catalán, que basa su esencia y supervivencia en convertir sus ensoñaciones, ficciones, mitos y mentiras en incontestable realidad histórica. En cualquier caso, es normal que una serie sobre el reinado de los Reyes Católicos, época gloriosa y grandiosa para España además de fundamental para la consolidación de su unidad, no cuente en absoluto con las simpatías del nacionalismo disgregador; y que su indudable éxito le provoque recelos por cuanto supone una seria réplica a su propaganda, presentada en sus predios como verdad absoluta. 

Porque, pese a quien pese, 'Isabel' va viento en popa, lo que además demuestra que el público español demandaba un producto televisivo de este tipo, centrado en período tan decisivo e importante para nuestra historia y nuestro devenir como nación. Ya era hora de que alguien, desprovisto de ciertos complejos tan arraigados y extendidos sobre nuestro pasado común, haya dado el paso. Encima, a buen seguro que para muchos catalanes, sobre todo para quienes no sigan a pies juntillas los preceptos y paradigmas del pensamiento único nacionalista, esta serie les supondrá un pequeño pero agradable soplo de aire fresco en medio de la irrespirable hegemonía mediática del nacionalismo catalán. Y esta mera posibilidad es lo que realmente molesta a los prebostes del régimen nacionalista, acostumbrados a que solo 'su' historia, su versión manipulada, delirante y mentirosa, sea la que se transmita, y sin contestación alguna, en las escuelas y en los medios de comunicación. Por tanto, al sospechoso de 'españolismo', es decir, al enemigo, ni agua.



Sabido es que el régimen nacionalista, vigente durante nada menos que tres décadas, no se ha parado nunca en barras en su objetivo de adoctrinar a generaciones de catalanes en un inventado pasado de Cataluña como país independiente (cuando jamás lo ha sido), constantemente agraviada por una España represora e intolerante (lo que necesariamente lleva al odio y al resentimiento contra un país extranjero). Y el éxito, ante la práctica inacción de sucesivos Gobiernos de la nación (española) desde la transición democrática, es ciertamente indiscutible. El escandaloso reportaje protagonizado por niños que participaron en la cadena por la secesión, emitido, cómo no, por TV3, es, además de una vuelta de tuerca más a la estrategia propagandística en pro del separatismo, una palpable demostración de los resultados cosechados por años de aleccionamiento nacionalista en las aulas: cuando una joven preadolescente asevera que 'Cataluña perdió su independencia en 1714' es debido a que ha escuchado y leído tamaño dislate en clase; o cuando un vástago expresa su convencimiento de que 'España tendrá que rendirse' es porque quienes se encargan de su educación e instrucción le han señalado al enemigo al que hay que doblegar.

Así pues, 'Isabel', como serie de televisión 'españolista', se ha convertido en una pequeña piedra en el camino de la 'construcción nacional' de Cataluña, ya que contradice, siquiera mínimamente, algunos mitos en los que se basa la gran mentira nacionalista. De ahí que dirigentes políticos del nacionalismo catalán le tengan vedada la entrada a lugares que consideran patrimonio particular suyo. Y hay que dar gracias de que todavía no puedan impedir su emisión en Cataluña.