miércoles, 11 de septiembre de 2013

LA 'DIADA', O EL DELIRIO DEL NACIONALISMO CATALÁN

Hace muchos años que la 'Diada', que en la transición democrática fue declarada fiesta autonómica en Cataluña, ha derivado definitivamente en actos de aquelarre independentista, cada vez más grotescos y de índole colectivista y totalitario. Mérito sin duda del régimen de pensamiento único nacionalista que rige allí desde hace más de 30 años, que bien se ha encargado de tachar de 'anticatalanes' a los naturales del lugar que no se adhieren de manera inquebrantable a sus preceptos y paradigmas y, en consecuencia, expulsarles de la 'oficialidad'. En cualquier caso, que la conmemoración de la rendición de Barcelona ante Felipe V de Borbón se haya convertido en un alarde del sectarismo que caracteriza al nacionalismo catalán no resulta nada extraño, dado que los hechos que llevaron a aquel 11 de septiembre de 1714 han sido objeto desde el principio de una descarada manipulación histórica al gusto del delirio nacionalista, que, fiel a su estilo, ha impuesto como verdad absoluta; algo que ha conseguido merced a su dominio incontestable de los resortes mediáticos, educativos e institucionales, ejercido sin miramientos durante décadas.

Porque en aquella fecha histórica los catalanes no libraban una especie de guerra de la independencia contra el invasor español, no; bien al contrario, se trató del final de una Guerra que enfrentó, no solo a los españoles, sino a los europeos entre sí: la de Sucesión. La misma se originó en la muerte sin descendencia del rey de España, Carlos II, que en su testamento nombró heredero del trono a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, rey de Francia; éste aceptó y pronto presentó a su nieto como nuevo rey de España, lo que provocó el rechazo del Imperio austríaco, ya que, además de que significaba el fin de dos siglos de reinados de la Casa de Austria en España, contemplaba con temor y recelo una unidad dinástica franco-española. Y con la intención de evitarla consiguió el apoyo de Inglaterra, Holanda y Dinamarca para concertar una alianza europea contra Luis XIV.

Un año después de que Felipe de Anjou llegara a España, donde fue proclamado rey (el primer Borbón en el trono español), estallaron las hostilidades en Italia y Flandes. Se iniciaba una guerra europea que tendría su trágico reflejo en nuestro país, que enfrentó a la antigua Corona de Castilla, defensora del mantenimiento en el trono de Felipe V, con la antigua Corona de Aragón (en la que se encontraba Cataluña), partidaria del archiduque Carlos, el candidato de la alianza austracista. Se trató de una guerra larga y cruenta que acabaría inclinándose del lado borbónico tras las batallas de Almansa, Villaviciosa y Brihuega y, sobre todo, tras la muerte del emperador José de Austria, hermano mayor del archiduque Carlos, que de esta forma se convertía en sucesor al trono como Carlos VI. A Inglaterra y Holanda no les convenía un nuevo Carlos I de España (que hubiera sido el III) y V de Alemania (en este caso, el VI), por lo que precipitaron el final de la guerra.

Sin embargo, dentro de España, Cataluña, recelosa ante la abierta hostilidad de Francia hacia su potente actividad comercial, decidió resistir hasta la batalla final del 11 de septiembre de 1714, en la que Barcelona, tras soportar un largo asedio, se rinde definitivamente a las tropas de Felipe V. Éste, es cierto, y evocando el derecho de conquista, promulgó ya en 1707 los Decretos de Nueva Planta: '...he juzgado por conveniente (así por esto como por mi deseo de reducir todos mis Reynos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose igualmente todos por las leyes de Castilla tan loables y plausibles en todo el universo), abolir y derogar enteramente, como desde luego doy por abolidos y derogados, todos los referidos fueros, privilegios, prácticas y costumbres hasta aquí observadas en los referidos Reynos de Aragón y Valencia... pudiendo obtener por esta razón mis fidelíssimos vasallos los castellanos, oficios y empleos en Aragón y Valencia'.

En suma, por medio de los referidos Decretos, Felipe V emprendió una política de centralización y unificación institucional y jurídica, muy al modo francés, y para las que se valió de las leyes de Castilla, a las que redujo las leyes, normas, usos y costumbres de los reinos de la Corona de Aragón. Unas reformas que propiciaron indudables beneficios por cuanto unificaron el Derecho, con la seguridad jurídica que ello comporta, modernizaron y simplificaron las instituciones políticas y administrativas, que comenzaron a no distinguir entre categorías de españoles, y eliminaron una serie de aduanas que se pagaban por traspasar determinadas 'fronteras' heredadas de la Edad Media.

Eso sí, lo que la propaganda nacionalista también oculta es que, en una serie de Decretos posteriores, el mismo Felipe V fue reconociendo a los reinos 'rebeldes' buena parte de su Derecho propio. Así, un Decreto de 1711 otorgaba nueva planta a la Audiencia de Zaragoza, lo que restableció el derecho civil aragonés; otro promulgado en 1715 establecía la planta de la Audiencia de Mallorca y declaraba vigentes sus antiguas leyes civiles, penales, procesales y mercantiles; y de la misma forma se procedería con Cataluña por Decreto de 16 de enero de 1716. Sea como fuere, del verdadero carácter de la guerra que terminó el 11 de septiembre de 1714, que nada tiene que ver con una supuesta defensa de la soberanía e independencia de Cataluña frente a una España represora, es muestra definitiva el mismo bando que Rafael de Casanova, conseller en Cap ensalzado como héroe del secesionismo catalán, transmitió en esa misma fecha a los barceloneses: "... salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de los españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por el Rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España".

1 comentario:

Erik Vegan dijo...

Con todos mis respetos como catalán de abuelos andaluces y aragoneses.
Usted dice:
"ha derivado definitivamente en actos de aquelarre independentista, cada vez más grotescos y de índole colectivista y totalitario. Mérito sin duda del régimen de pensamiento único nacionalista que rige allí desde hace más de 30 años".
Mi pregunta es, ¿vive usted en Catalunya? ¿Porqué tacha de totalitarios a ciudadanos que democráticamente se manifiestan por un derecho como el de la autodeterminación? (existente en derecho internacional y defendido por el Tribunal de la Haya en una de sus sentencias).
Dice:
"que bien se ha encargado de tachar de 'anticatalanes' a los naturales del lugar que no se adhieren de manera inquebrantable a sus preceptos y paradigmas y, en consecuencia, expulsarles de la 'oficialidad'"
Mi seguna pregunta es, ¿me puede decir quién tacha de anticatalán a los que no defienden un Estado propio para Catalunya? NADIE en Catalunya criminalizaría a otro por no querer la independencia. Yo tengo amigos que no la quieren y no pasa nada.
¿No será que ha leido demasiada prensa manipuladora? Si no vive en Catalunya, ¿se podría acercar por favor a ver la realidad del lugar?
Usted dice:
"alarde del sectarismo que caracteriza al nacionalismo catalán no resulta nada extraño".
Mi pregunta es, ¿porqué me criminaliza, juzga e insulta diciendo que soy sectario por reclamar un derecho como el de la autogestión? La soberania de los pueblos. ¿Le suena?
¿Porqué se sirve de la intolerancia en lugar de comprender la realidad de lugar?
La prensa hace mucho daño, si puede, intente ver que las cosas no son como a veces nos las pintan.
Para mi, que en 1714, Barcelona perdiera me da igual, yo reclamo ser un país independiente por muchas razones (llevaría demasiado tiempo nombrarlas aquí y ninguna de ellas tiene que ver con aversión u odio hacia lo español). ¿Tengo derecho a ello? ¿O tengo que callarme? ¿Puedo expresarme libremente?
Si tengo que callarme y no poder si quiera ser consultado en referendum entonces me callo y obedezco, como antaño.

Muchas gracias por sus respuestas.
Antentamente