jueves, 13 de junio de 2013

UN 'PRELIBERALISMO' EN ESPAÑA

En la historia de España podemos advertir un primer liberalismo, o 'preliberalismo', en el reformismo del despotismo ilustrado de Carlos III. Desde el mismo régimen absolutista se comenzaron a impulsar cambios políticos, sociales y económicos que en principio necesitarían del apoyo y concurso de la sociedad española, todavía incipiente para considerarla como tal; y de ahí que la mismísima monarquía se abriera a la difusión de ideas nuevas, estudios económicos y principios basados en los derechos individuales y la igualdad ante la ley. Sin embargo, quienes debían llevar a cabo esas mismas reformas, y en consecuencia remover los privilegios derivados del sistema estamental, formaban parte de ese mismo poder establecido bajo la protección del monarca absoluto; de tal forma que se producía un contraste evidente entre las medidas anunciadas y las realizaciones concretas.

A este respecto, fue harto significativo el caso de la publicación 'El Censor': al principio contaba con el apoyo y hasta el patrocinio del mismísimo Conde de Floridablanca, hasta que sus críticas a la nobleza y a la Iglesia como obstáculos del reformismo ilustrado se ganaron la enemiga del sistema y llegaría a ser objeto de proceso por parte de la Inquisición. Y es que bastaba una denuncia del entonces poderoso capuchino Cádiz para paralizar las reformas económicas; las sátiras del referido 'Censor' servían de excusa para acabar con la relativa libertad de imprenta que imperaba; y unas meras críticas de Maisson en la 'Enciclopedia Metódica' provocaban las amenazas incluso físicas de la reacción más recalcitrante hacia los reformistas. Por desgracia, la crisis de las Luces llegó antes a España que la toma de la bastilla en Francia.

Pues bien, ese 'preliberalismo' en España lo encontramos, no en una burguesía emergente como sería común en otros países, sino en una minoría ilustrada que reputaba difícil que las políticas reformistas las impulsaran y llevaran a cabo quienes formaban parte de los estamentos privilegiados. Para más inri, la llegada al trono de Carlos IV, que impuso un verdadero 'cordón sanitario' frente a toda novedad que viniera del exterior, especialmente de la Francia revolucionaria, no hizo sino empeorar el panorama.

Sin embargo, pese a la prohibición de publicaciones estrictamente políticas, la intensificación del celo censor fue incapaz de impedir la difusión de ideas económicas liberales a través de tratados en la materia como la celebérrima 'Riqueza de las naciones', de Adam Smith, o incluso, dentro de España, la misma 'Introducción a la reforma agraria', de Gaspar Melchor de Jovellanos. Además, menudeaban panfletos subversivos, como el conocido 'Pan y toros' de León de Arroyal, quien en sus 'Cartas político-económicas' criticaba el estado de cosas en España y, a su vez, ponía como ejemplo a seguir el proceso constituyente francés; y de la misma forma se pronunciaba Cabarrús en sus epístolas dirigidas tanto a Godoy como a Jovellanos.

La caída del Antiguo Régimen, como resultado de la rebelión insurreccional iniciada en 1808 en respuesta a la invasión francesa, supuso por fin el triunfo y apogeo, siquiera transitorio, del liberalismo en España: así, su primordial objetivo, el de emprender una reforma constitucional, acabaría haciéndose realidad. Los Romero Alpuente, Canga Argüelles, Martínez Marina o el mismo Jovellanos dotarían de contenido doctrinal a los diputados que, reunidos en Cortes en Cádiz, elaborarían y aprobarían la Constitución de 1812, hito del liberalismo europeo. De esas mismas Cortes gaditanas surgiría, como destacó Agustín Argüelles, el vocablo 'liberal', que de su uso lato paso a adquirir un sentido político. Y fue en España.