martes, 18 de junio de 2013

¿SE HA CONVERTIDO OBAMA EN UN 'HALCÓN'?

Desde luego, Obama no es Cheney: las diferencias físicas, personales y, por qué no reconocerlo, también ideológicas son absolutamente obvias. Ahora bien, sus argumentaciones en defensa de los controvertidos espionajes de la NSA, Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, son exactamente las mismas que emplearon en su momento el mismo Cheney o cualquier otro miembro destacado de la Administración Bush, aquel detestado nido de despiadados 'halcones' republicanos como Donald Rumsfeld, Karl Rove o Condoleezza Rice: que se están mostrando eficaces en la lucha contra el terrorismo, y de hecho han evitado atentados tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Cabe recordar además que cuentan con la cobertura legal de la 'Patriot Act', aprobada en 2001 por una aplastante mayoría tanto de la Cámara de Representantes como del Senado en respuesta al 11-S, y en el marco excepcional de una guerra tan sin cuartel como nada convencional que desde entonces sigue librándose: la planteada por el terrorismo islámico contra Occidente.

Aun así, ¿acaso Obama, ese santo laico, Premio Nobel de la Paz, la gran esperanza progre que iba a 'bajarles los humos' a los Estados Unidos en el concierto internacional, se ha convertido finalmente en un vulgar 'halcón' que, como tal, antepone criterios de 'seguridad nacional' a los derechos y libertades de los ciudadanos? Habrá quien fantasee una vez más con la irresistible capacidad de 'influencia' en todos los presidentes, incluidos los más 'idealistas', que supuestamente siempre han tenido determinados poderes fácticos (los mismos servicios de inteligencia, el omnipresente complejo 'militar-industrial' que denunciaba al final de su mandato un ya senil Eisenhower, etc.), pero quizá pueda deberse a que la perspectiva se torna bien distinta desde que se pasa a ostentar tan alta responsabilidad en los Estados Unidos, máxime con la experiencia de los años de un 'pato cojo', de un presidente que agota su último mandato; en este asunto y, por ejemplo, también en ese prometido cierre de Guantánamo que, en realidad, nunca acaba de llegar.

Porque la polémica 'Patriot Act', que, en virtud de un amplio consenso entre republicanos y demócratas, fue promulgada siguiendo estrictamente los requisitos legales y jurídicos y como ley excepcional, de tiempo limitado y sujeta a revisiones periódicas de organismos independientes que informan al Congreso, está siendo en efecto muy útil en esta larga y especialmente difícil guerra global: no solo en la persecución de los grupos terroristas y sus miembros y en actuaciones preventivas para frustrar atentados, sino también contra sus mecanismos de financiación y blanqueo de dinero. De tal forma que los éxitos cosechados en los últimos años contra el terrorismo islámico, entre los que destaca la captura y muerte del mismísimo Bin Laden, son ciertamente indiscutibles; y la mayor parte de los mismos se han producido bajo el mandato de Obama, que legítimamente puede apuntárselos.
 
Aunque también es cierto que quién ha visto y quién ve a algunos; incluidos aquellos que consideraban tales prácticas de espionaje (y sus justificaciones) totalmente inadmisibles en la época de Bush, y sin embargo ahora hasta las matizan. Hay que reconocer que el carisma 'obamita' hace auténticos milagros.