jueves, 4 de abril de 2013

MÉRITOS Y PROGRAMAS ELECTORALES

Es, sin duda, el principal mérito que puede apuntarse la gestión de Rajoy en su primer año al frente del Gobierno: haber evitado el 'rescate total' de la economía española y el subsiguiente colapso. Porque no está de más recordar que hace pocos meses se daba por inminente e incluso muchos 'expertos' en economía, empresarios y sesudos comentaristas políticos demandaban al presidente que diera de una vez el paso de pedirlo, mientras otros empezaban a afilar los cuchillos a la vez que anunciaban la venida del Apocalipsis. Sin embargo, el jefe del Ejecutivo supo mantenerse firme e incólume y se ha acabado demostrando que era perfectamente posible que la prima de riesgo bajara sin acudir al oneroso auxilio de Bruselas. Y así ha sido, fundamentalmente porque nuestra economía transmite ahora mayor confianza en sus posibilidades.

No deja de llamar la atención que le reprochen a Rajoy que no cumpla su programa aquellos mismos que no lo votaron, y que por tanto no consideraron en su momento que fuera digno de adhesión; muchos de los cuales seguramente ni se lo han leído. En cualquier caso, es verdad que hay determinados puntos, como los referidos a la política fiscal, que no solo no se están aplicando sino que han tomado un camino radicalmente distinto; pero el propio Rajoy así lo ha reconocido y ha explicado por qué: el estado heredado de las cuentas públicas ha sido incluso mucho peor de lo que se esperaba, porque en este aspecto quienes mintieron categóricamente fueron el PSOE y su Gobierno. De todas formas, quien creyera que era suficiente afrontar una crisis económica tan grave con aplicar unos cuantos apósitos y sin tomar decisiones impopulares y dolorosas, se equivocaba de medio a medio: el enfermo estaba en la uvi, no precisamente en planta; había primero que reanimar y después llevar a cabo una operación de envergadura.

Por supuesto que los programas electorales han de considerarse en democracia como un contrato entre el candidato y el ciudadano; vamos, que no están, como dijo aquel célebre icono de la progresía, para no cumplirlos. Pero también hay que entender que pueden surgir realidades y situaciones que empujen a tomar decisiones distintas; por ejemplo, si el déficit es sensiblemente mayor al declarado y, además de atender a pagos inmediatos, se ha de alcanzar determinados objetivos sujetos a corto plazo, muy posiblemente no haya más remedio que envianársela siquiera momentáneamente. De todas formas, en este aspecto el Gobierno se ha comprometido a bajar los impuestos antes de que termine la legislatura, y uno es particularmente partidario de que se haga incluso antes. 

Aunque tampoco es cierto que el PP no se haya atenido en nada a su programa: ahí están, por ejemplo, las reformas laboral, financiera, en materia de comercio, transportes, sobre la unidad de mercado, las medidas en materia de empleo y apoyo a las pymes, la reforma en trámite de la Administración Local, las anunciadas liberalizaciones en sectores como el farmacéutico o el energético... Todo esto tan solo en el primer año de la legislatura, a lo largo de la cual ha de aplicarse. Si el Gobierno de la democracia que más reformas (nos gusten o no) ha emprendido en menos tiempo se ha limitado, como algunos le reprochan, a 'parchear', qué cabría decir de los anteriores. En cualquier caso, los electores tendrán la oportunidad en su momento de hacer balance sobre el grado de cumplimiento del programa y los resultados de la gestión y manifestarse en consecuencia ante las urnas. 

Partiendo del hecho de que ser siempre críticos con el poder político y el Gobierno de turno es una actitud conveniente y saludable en democracia, ello no obsta para que debamos reconocer también ciertos méritos cuando existen: y la realidad es que el actual Ejecutivo del PP, con el imprescindible concurso de una sociedad española de nuevo a la altura de las circunstancias, ha evitado el rescate cuando se daba por hecho. ¿Que solo lo ha aplazado? Obviamente, nadie es capaz de predecir con absoluta certeza lo que va a ocurrir de aquí a unos dos o tres años; pero entre medias se ha intervenido a Chipre y no se señala precisamente a España como el país con más papeletas para ser el próximo.

2 comentarios:

Maribeluca dijo...

Pues me temo que usted y yo estemos casi solos en este análisis, hay también un cierto sector de liberales empeñado en ajustarle las cuentas cuando menos conviene...y luego los más "retros" que por contra graznan contra cualquier recorte o reforma del Estado del Bienestar (ahora resulta que se llevan todos estos a partir un piñón, ya veremos lo que dura ese idilio contra natura)

Por si no bastara con tener que soportar la izquierda asamblearia y antidemocrática que padecemos.

Pedro Moya dijo...

No deja de asistirle la razón, querida amiga; en cualquier caso, a uno no le importa en absoluto nadar contra corriente, sobre todo porque a estas alturas, por unas u otras causas, estoy sobradamente acostumbrado. De todas formas, el tiempo, que es ese juez insobornable que da y quita razones, pondrá a cada uno en su sitio.
Muchas gracias por sus comentarios.