miércoles, 17 de abril de 2013

LOS COLETAZOS DEL MURIBUNDO CHAVISMO

Pese a la propaganda de la izquierda radical y quienes, abonados generalmente al populismo progre y bananero, siguen sus designios, cualquier parecido del régimen chavista con los hábitos y reglas de juego de la democracia liberal es pura coincidencia. Por lo tanto, lo normal es que en las elecciones presidenciales venezolanas haya habido, en efecto, y tal y como denuncian tanto la oposición como observadores internacionales, un pucherazo de órdago. En cualquier caso, escaso recorrido ha tenido el impulso 'sentimentaloide' derivado del ridículo y grotesco manejo político de la muerte del caudillo, porque cabe recordar que, según los medios oficiales, el conductor de autobús que susurra a los pajaritos iba a ganar de calle; pero finalmente han sido necesarias todas las trampas y artimañas, típicas de cualquier república bananera que se precie, para convertir unos resultados adversos en una victoria por los pelos.

Por su parte, parece confirmarse que Henrique Capriles es el candidato capaz de aglutinar por fin la adhesión de la hasta hace poco dividida y enfrentada oposición democrática venezolana. De tal forma que unas elecciones que iban a enterrarle políticamente y, por consiguiente, a incidir en las diferencias entre las distintas corrientes del antichavismo, han servido bien al contrario para favorecer su consolidación. Sea como fuere, se advierte un poco de luz al final del túnel: estos comicios a buen seguro fraudulentos pueden significar empero el principio del fin del chavismo.

Aun así, el muribundo chavismo está dando sus coletazos, que precisamente por su carácter desesperado adquieren mayor intensidad y crudeza. Porque quienes han heredado el poder absoluto no van a abandonarlo fácilmente y ya están haciendo uso de todos sus resortes para conservarlo, hasta el punto de emplear los peores métodos que no en balde siempre han caracterizado al régimen. Porque chavismo es 'autoproclamarse' presidente sin tan siquiera esperar a despejar las dudas planteadas pruebas en mano por la oposición; típicamente chavista es responder al Gobierno español con bravatas y amenazas aderezadas de un rancio discurso anticolonialista por no reconocer en primera instancia la victoria del candidato oficial; y es propio del chavismo puro y duro reprimir con toda contundencia manifestaciones contrarias, a continuación prohibirlas y aprovechar para perseguir y encarcelar a los miembros de la oposición culpándoles de las muertes producidas. Todo muy de Chávez, que siempre se ha distinguido por imitar a la perfección las tácticas opresoras y procedimientos más abyectos de su admirada dictadura castrista. Desde luego, sus alumnos no han podido mostrarse más aventajados.

Ante tamaños atropellos a la democracia, la libertad de expresión y los derechos individuales más elementales, la comunidad internacional no debería permanecer callada y, lejos de hacerle una vez más el caldo gordo al chavismo, tendría que denunciar alto y claro semejantes desmanes y tomar las medidas diplomáticas oportunas. El primer paso lo ha dado Estados Unidos al no reconocer al nefasto Maduro como presidente. Y es que no se debería permitir que al pueblo venezolano, que ha vuelto a demostrar que merece vivir en libertad y democracia, se le arrebate de nuevo la soberanía.