lunes, 18 de febrero de 2013

QUE SE PAGUEN SUS PAYASADAS

Particularmente, decidí no perder el tiempo soportando las soflamas politiqueras de cierto artisteo sectario que hace poco 'cantaba a la alegría' mientras el paro empezaba a batir récords. Pero fue inútil intentar abstraerme: esa pseudohollywoodiense ceremonia del esperpento progre que se define como 'los Premios Goya' no decepcionó en absoluto y todas las proclamas contra el Gobierno 'facha' que, empero, tan generosamente les subvenciona, tuvieron su correspondiente eco en los medios. Destacó muy por encima de todos la actriz catalana Candela Peña, quien, tras recoger su extraño premio, y ni corta ni perezosa, denunció las deplorables condiciones en que su padre encontró la muerte en un hospital público: ni una manta con la que taparle, ni un vaso de agua que llevarle a la boca. Una vez que el público, especialmente sensible ante atrocidades tan propias del capitalismo salvaje (que se lo digan a Bardem, cuyo hijo nació en un lujoso hospital privado norteamericano), prorrumpió en aplausos, se permitió recordar que ella ahora mismo se encuentra en el paro: a ver si algún alma caritativa de la progresía cineasta contrata sus servicios, máxime después de los méritos contraídos como activista anti-PP.

No es ninguna casualidad que semejante salida de pata de banco haya tenido lugar apenas unos días después de que el indeseable difamador que responde al nombre de Tomás (y no digo más), y cuyo principal logro político como Alcalde consiste en haber convertido a Parla en un erial, acusara al Gobierno de la Comunidad de Madrid de 'haber podido provocar muertes' con su política sanitaria; repugnante infamia que, según el mismo presidente Ignacio González, tendrá cumplida respuesta en los Tribunales en forma de querella criminal. Y es que la rutilante actuación de Candela Peña en los Goya no es más que el seguimiento fiel y ciego de la consigna, de la vil estrategia de echar a la cara del PP los cadáveres; y si estos no existen, se inventan, y punto. Así pues, de la misma manera que antes se culpaba directamente al PP de las muertes de la guerra de Irak y del 11-M, ahora se le responsabiliza tanto de los fallecimientos que se produzcan circunstancialmente en los hospitales públicos, como de los suicidios por el hecho de puedan ser previos a desahucios. Todo vale, ya se sabe.

Aunque pronto se descubrió el pastel. Por supuesto que el drama tercermundista que nos relató Candela Peña era mentira de cabo a rabo: esas miserables condiciones, por muchos recortes que haya habido, no son propias de un sistema sanitario público como el español; al que, con todas sus fallas, tantos extranjeros continúan acudiendo para someterse a operaciones más o menos complicadas. Pero es que encima el verdadero objetivo del tiro de semejante embuste carroñero, que no era otro que el Gobierno del PP, ha salido por la culata: a la señora Peña le deberían haber informado de que la gestión sanitaria corresponde a las Comunidades Autónomas; y que en Cataluña, lugar donde se asienta el hospital público que atendió a su malogrado padre, no gobierna el PP, sino el nacionalismo catalán, que para más inri siempre ha obtenido las simpatías de la progresía; y que alguna responsabilidad tendría en consecuencia la herencia dejada por los socialistas del PSC, que, junto a ERC e ICV, partidos de izquierdas, regían hace muy poco los destinos de Cataluña: es más, es posible que todavía lo hicieran en el infortunado momento en que murió su padre. Pero qué vamos a esperar de quien se presta a hacer agitación política sin tener la más remota idea de política: que más pronto que tarde se descubran sus mentiras e incongruencias. Desde luego, esta Candela Peña como actriz, desde mi punto de vista, es más bien limitadita; pero como propagandista de la progresía no tiene precio.

Obviamente, y por muy hipócritas y sectarios que puedan llegar a ser, estos cineastas y pseudoartistas de la cultureta progre son muy libres de profesar la ideología que consideren y, en consecuencia, criticar lo que quieran y a quienes prefieran (a ser posible, sin mentiras, claro). Pero lo que escama es que solo saquen a relucir su 'sensibilidad social' y su supuesto compromiso político cuando gobierna el PP; y, además, viviendo como vive la inmensa mayoría de ellos del dinero público. Porque si sus payasadas y exabruptos demagógicos se los pagaran ellos mismos o sus amigos de la progresía mediática, no habría nada que alegar. Pero ellos y ellas, siempre en misa y repicando; y es que si tuvieran que someterse verdaderamente al mercado que tanto odian (pero del que tantísimo provecho particular sacan), la mayoría no se comería un rosco. Literalmente.