viernes, 7 de diciembre de 2012

'MÉS QUE UN CLUB'

¿Hubiera sido imaginable que la directiva del Real Madrid hubiese respondido al órdago separatista de Mas haciendo pública su 'enérgica' defensa de la unidad de España, país del que durante tantos años llegó a ser el mejor embajador? Desde luego que no; aunque de haber tenido lugar hecho tan inédito, las protestas procedentes de Cataluña ante semejante utilización del club madridista en favor de los intereses del 'centralismo político y económico' hubiesen sido constantes y contundentes. Pero, en efecto, el F.C. Barcelona, prácticamente tan laureado, conocido y admirado en todo el mundo y con casi tantísimos seguidores e hinchas de toda España como su eterno rival, siempre ha presumido de ser 'més que un club'; hasta el punto de permitirse hacer política una vez más al servicio del poder establecido, es decir, del nacionalismo y el separatismo catalanes (valga la redundancia).

La naturaleza liberticida y totalizadora del nacionalismo queda de nuevo plasmada cuando rechaza sin ambages un derecho fundamental como es la libre elección de la lengua vehicular en la enseñanza y, además, el mero hecho de garantizarlo lo presenta como un ataque sin precedentes al catalán, como si su defensa y promoción solo fuese posible por medio de la imposición, que es básicamente en lo que consisten las llamadas políticas de 'inmersión lingüística'. Y también cuando se conmina a instituciones que, por su propia condición, deberían caracterizarse por su asepsia política, a que se sumen a determinadas campañas cuando el poder toca a rebato. Sabido es que la utilización política y propagandística de clubs y acontecimientos deportivos, e incluso de la imagen de los mismos deportistas, era una de las señas de identidad de los regímenes totalitarios, desde la Alemania nazi y sus exitosas Olimpiadas de Berlín hasta la URSS y sus atletas, que dominaban los medalleros olímpicos para mayor gloria del faro del proletariado mundial. En el caso concreto del Barça, ya llueve sobre mojado: no hace mucho que el Camp Nou, a propósito de la última visita del Real Madrid, acogió con sumo gusto una exhibición totalitaria de simbología nacionalista, propia de la Alemania de los años 30.

Y puesto que la adhesión se hace a ciegas, hay quienes sencillamente caen en el ridículo. Haciendo abstracción del ya célebre 'tweet' de 'Tarzán' Puyol, quien, pese a ser internacional español y campeón de Europa y del mundo (con España), parece abogar por que no se garantice la enseñanza en español, Leo Messi ha demostrado que su inigualable pericia con el balón en los pies es inversamente proporcional a su nivel de información: así, cuando afirma 'lo último que escuché fue lo de la educación, lo de querer sacar el catalán...', reconoce, en efecto, que opina de oídas, por lo que no resulta extraño que parta de una premisa falsa: que se pretende eliminar el catalán de las aulas, cuando el borrador de la ley de reforma educativa especifica que, independientemente de la lengua vehicular que se elija, su enseñanza en Cataluña será obligatoria. Pero, en fin, se corre el riesgo de meter la pata cuando alguien pretende ejercer de referencia intelectual y política cuando sus méritos residen única y exclusivamente en sus triunfos futbolísticos. De ahí que, asimismo, y al igual que su actual entrenador y la misma directiva del club, se limite a repetir la consigna de evitar volver 'treinta años atrás', cuando las políticas de inmersión lingüística impuestas por los gobiernos nacionalistas apenas llevan veinte. Pero las adhesiones inquebrantables tienen estas consecuencias.

En definitiva, está claro que Wert, definitivamente el nuevo 'enfant terrible' del nacionalismo catalán, no es del Barça. Aunque parece ser que tampoco lo era Franco, pese a ello nombrado en su momento socio de honor. 'Més que un club', pero siempre al servicio del poder establecido.