martes, 18 de diciembre de 2012

LIBERTAD, SIEMPRE CON RESPONSABILIDAD

"Crecí en el sur, con armas por todas partes y nunca disparé a nadie. Este es un tema sobre gente a la que no se le ha enseñado sobre el valor de la vida". Es la respuesta de Samuel L. Jackson a quienes en Estados Unidos demandan una mayor restricción de acceso a las armas, al albur de la matanza en una escuela primaria de Newtown, en Connecticut. El actor, conocido por sus papeles en películas como 'Pulp Fiction' o 'Django', pone así el acento en la educación y transmisión de principios y valores por parte de las familias como medio más idóneo y efectivo que el control de armas para evitar este tipo de tragedias; aspecto que precisamente en el caso del autor de la masacre, Adam Lanza, parece haber fallado estrepitosamente.

Y es que nunca se insistirá lo suficiente en que la responsabilidad es la otra e inseparable cara de la libertad individual. Si no partimos de tal premisa y en cambio perseguimos una seguridad absoluta que en cualquier caso es imposible de conseguir, sacrifiquemos nuestros derechos individuales y que el Estado se ocupe de todos nuestros avatares y devenires desde la cuna a la sepultura; y que, por ejemplo, no nos permita ni tan siquiera poseer instrumentos cortantes, como cuchillos, que puedan utilizarse para atacar la integridad física de los demás. Aun así, desprovistos de cualquier defensa que no proceda del Gran Hermano, nos encontraríamos todavía más a merced de cualquier desequilibrado o violento con impulsos asesinos. Entonces sí que garantizaríamos la ley del más fuerte. Porque nada hay más parecido al salvaje Oeste que el hecho de que las armas solo estén en posesión de los criminales que estén dispuestos a adquirirlas en el mercado negro, y en cambio a las personas de bien se les impida tenerlas.

Los que respaldamos el derecho del individuo a defender su integridad física, sus propiedades y su familia, lo que incluye el de poseer armas siempre y cuando se haga un uso responsable de ellas (condición indispensable para el ejercicio de la libertad en general), solemos ser presentados sobre todo en Europa como unos locos o malvados porque poco menos que no nos preocupa que personas, incluidos niños, pierdan la vida a manos de desequilibrados o asesinos. Aunque se podría dar muy fácilmente la vuelta a argumento tan asquerosamente demagógico: quienes no creen en la libertad del individuo para disponer de medios para defenderse, por ejemplo un padre de familia para garantizar la vida de sus hijos, pueden dar la impresión de que prefieren que los maleantes se salgan siempre con la suya y roben y asesinen a placer. Porque siempre se saca a relucir la permisiva legislación en materia de posesión de armas cuando hay una masacre de este tipo en Estados Unidos (nunca cuando tienen lugar en Europa), pero cabe también aducir la cantidad de vidas que se salvarían o hubiesen salvado si a las personas o familias de bien se les permitiera tener instrumentos de defensa en sus hogares.

Si el mal reside en la libertad, por supuesto regulada, de poseer armas, ¿entonces cómo es posible que se produjera en su momento la horrible matanza de Breivik en Noruega? En ambos casos, un desequilibrado se hizo con un arma y la emprendió a tiros contra todo bicho viviente... Y muy a pesar de las diferencias en cuanto a legislación en materia de armas e incluso de aquello que se ha dado en llamar 'modelos de sociedad': ya se sabe, la 'American way of life', tan bárbara y dada a la violencia, frente a la civilizada y pacífica Europa (que en nuestro continente hayamos albergado los peores totalitarismos y se hayan iniciado las guerras más cruentas son sin duda anécdotas sin importancia).

Precisamente en la defensa de uno mismo como individuo, de su integridad física y de sus propiedades (vida, libertad y propiedad, los derechos individuales fundamentales desde Locke), se basa el derecho a portar armas que reconoce la segunda enmienda de la Constitución de los Estados Unidos; aunque posiblemente los padres de la Carta Magna escrita más antigua del mundo y quienes concretamente inspiraron este añadido, John Madison y Alexander Hamilton, fueran unos bárbaros sin remedio, quién sabe. Ojalá cualquier prohibición o 'modelo de sociedad' determinado propiciaran que todos nos convirtiéramos en buenos y benéficos y no fuera necesario ese medio de defensa personal, pero tanto la realidad como la misma condición humana son bastante menos idílicas.

3 comentarios:

JRamirez dijo...

Exactamente Pedro.

Jose Antonio Gimenez Gomez dijo...

El problema principal,es la absurda manía que tenemos de pensar que nuestra libertad individual tiene que ser autorizada por la libertad colectiva. Como algunas veces me han llegado a decir, es que no estamos preparados para pensar por nosotros mismos. Mientras se siga pensando así, no se entenderá nunca la libertad individual de elección.

Pedro Moya dijo...

Gracias, amigos. Al respecto, una comparación estadística muy oportuna: http://www.gurusblog.com/archives/masacres-estados-unido-versus-europa/15/12/2012/.