viernes, 19 de octubre de 2012

ANTIPATRIOTAS

En una de sus alocuciones más célebres, Zapatero se permitió tachar nada menos que de 'antipatriotas' a quienes simplemente anunciaban la inminencia de una crisis económica que poco después empezaría a mostrarse con toda su crudeza. Hacía ver de esa forma el ex-presidente que vaticinios de ese tipo, so capa de desgastar a su Gobierno y a él mismo, hacían daño a la imagen de España y minaban la confianza que transmitía nuestra economía en los mercados internacionales. Por supuesto, los coros y danzas del socialismo zapaterista (empezando por aquel artisteo progre que entonces cantaba a 'la alegría' frente a los malvados agoreros de la derecha, y que ahora en cambio se adhiere a la pretensión sindicalera de convertir a nuestro régimen constitucional en un sistema plebiscitario a conveniencia) no tardaron en utilizar toda su trompetería mediática para transmitir fielmente la consigna, hasta convertir en sospechosos de traición a la patria a aquellos que se atrevieran a discutir mínimamente las previsiones económicas del Gobierno de entonces.

El tiempo ha acabado poniendo a cada uno en su sitio y demostrando que, si alguien merecía tal calificativo, no era el que denunciaba una realidad incómoda, sino aquel que conscientemente la ocultaba en aras de un cortoplacismo puramente electoral. En cualquier caso, una vez enquistada esa crisis que con tanta virulencia negaba la práctica totalidad de la progresía patria, y desde ese mismo punto de vista, ¿cómo cabría adjetivar a quienes ahora, justamente el mismo día en que la temible prima de riesgo empieza a bajar de manera considerable, y por tanto cuando las expectativas económicas de España parecen mejorar y transmitir más confianza en los mercados, anuncian la convocatoria de una nueva huelga general? ¿Y a aquellos partidos y dirigentes políticos, muchos de ellos, para más inri, directamente responsables de la situación actual, que se adhieren a la misma?

La segunda huelga general en apenas unos meses: así es como los sindicatos verticales de la ruina socialista continúan contribuyendo a la recuperación económica de España. Fueron un cáncer cuando ejercían de consejeros áulicos del zapaterismo en su periodo más oneroso y despilfarrador, y lo son ahora intentando desgastar a toda costa al Gobierno del PP, su principal y prácticamente único objetivo. Una huelga que promueva un parón general de la actividad económica es ahora mismo especialmente contraproducente para nuestra todavía maltrecha economía. Pero qué les importa si con ello defienden sus privilegios y, a la vez, hacen realidad su obsesión: que España se parezca cada vez más a Grecia, o bien propiciar que pueda calar esa idea en el ámbito internacional.

Aquellos que convocan otra huelga general en poco tiempo y quienes les apoyan; aquellas asociaciones ¡de padres! (y cuyos miembros, no por casualidad, suelen luego engrosar las listas electorales de los partidos de izquierda) que conminan a no llevar a los niños al colegio para respaldar huelgas y manifestaciones alentadas por sindicatos 'estudiantiles' de extrema izquierda que hacen alarde de simbología totalitaria y, además, juegan a la revolución incluso asaltando colegios religiosos; aquellos que vuelven a sacar a pasear los cadáveres de la Guerra Civil y del franquismo para incitar al odio y al rencor; aquellos que siguen justificando los asedios sediciosos a la sede de la soberanía nacional, se mueven por la siguiente consigna: cuanto peor, mejor. Todo vale, hasta llevarse por delante cualquier atisbo de confianza en la recuperación de nuestra economía, con tal de minar política y electoralmente al PP. En este caso, el conocido epíteto que usara Zapatero se queda realmente corto.