lunes, 5 de diciembre de 2016

Y AL FINAL, NOS QUEDARÁ MARIANO

 
Está claro que los referendum los carga el diablo, encarnado en el populista de turno. Las reformas constitucionales que planeaba Matteo Renzi eran en general sensatas (acabar con el sistema de bicameralismo perfecto, despojar de poder a las regiones, reducción del número de parlamentarios...), pero cometió el tremendo error, no exento de arrogancia, de unir su futuro político al resultado de las urnas... y estas, ciertamente, han sido contundentes: 60% de "noes" frente a un 40% de "síes". La modernización de una Constitución que nació con la intención de evitar el surgimiento de otro Mussolini ha recibido una patada en salva sea la parte de Renzi, que para más inri no debía su cargo de Primer Ministro al voto de los italianos en elecciones.

Así que el panorama político que se presenta en el país transalpino, tras un interregno que lleve a los comicios de 2018, es verdaderamente alentador y edificante: básicamente entre el vociferante populista de ultraizquierda Beppe Grillo y... el regreso del incombustible y siempre estrafalario Berlusconi, que a sus 80 años pretende resurgir de sus cenizas, algo que, por increíble que parezca, puede conseguir.

Aquí en España, los chavistas de Podemos han celebrado esta victoria del "no" en el referéndum "renziano" como un triunfo suyo, pese a la contradicción que supone felicitarse por el mantenimiento de las esencias constitucionales en Italia, que es la postura defendida por los populistas de allá, mientras aquí abogan por justo lo contrario: erradicar la Constitución vigente, "abrir el candado del 78". Pero de lo que se trata es de apuntarse a cualquier movimiento que ponga supuestamente en duda al "sistema" o conlleve inestabilidad política, algo a lo que, por otra parte, los italianos están más que acostumbrados.

Para finalizar, un pequeño detalle: Cameron tentó la suerte y cayó arrollado por el sorprendente triunfo del "Brexit"; Hollande, en niveles históricos de impopularidad, ha renunciado oficialmente a intentar repetir como presidente de la República francesa llevándose consigo a un PSF tan desahuciado que difícilmente Valls podrá hacerlo resurgir; y Renzi acaba de morder el polvo muy al "cameroniano" modo. ¿Qué jefes del Ejecutivo quedan vivos entre las principales economías europeas? Una Angela Merkel que tendrá que afrontar pronto unas elecciones que se le presentan francamente adversas... y nuestro Mariano Rajoy, que en cambio ha vencido recientemente en las urnas en dos ocasiones consecutivas y acaba de formar por fin Gobierno.

Y al final, nos quedará Mariano. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

domingo, 4 de diciembre de 2016

ESPAÑA VUELVE A TRANSMITIR SEGURIDAD Y ESTABILIDAD

En España, al menos formalmente, no ha habido gran coalición, debido fundamentalmente a ciertos atavismos históricos que siguen anidando en el socialismo español. Sin embargo, el PSOE ha querido emular al SPD alemán en el pacto de Gobierno de este con la CDU de Angela Merkel al pedir la subida del SMI (Salario Mínimo Interprofesional) como contrapartida a su apoyo al techo de gasto. Y dicho y hecho. Desde luego, ese incremento, como advierten economistas de distinto pelaje ideológico, supone una barrera de entrada al mercado de trabajo para gente joven y sin experiencia laboral (vamos, que en último término genera paro), y además, muy al contrario de lo que popularmente se cree, tampoco implica de por sí una subida general de los salarios. Pero, en fin, confiemos en que continúe la tendencia positiva de creación de empleo sin precedentes, para lo que, obviamente, no deberían alterarse, al menos, los elementos básicos de una reforma que ha tenido la virtud de liberalizar y flexibilizar el mercado laboral.

Respecto al objetivo de déficit autonómico finalmente pactado en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, ni pa' ti ni pa' mi, ni el 0,5 por el que abogaba Montoro ni el 0,7 que defendía el PSOE: el 0,6%. A esto se le llama ceder por ambas partes. El hecho de que continúe habiendo perspectivas de crecimiento económico y, por tanto, de mayores ingresos fiscales ha hecho más fácil el acuerdo (también y sobre todo, la perentoria necesidad de las Comunidades Autónomas de aliviar su situación financiera), pero las alegrías, por supuesto, han de seguir siendo las justas para todas las administraciones públicas.

Porque, pese a las subidas decretadas en impuestos al consumo (en tabaco y alcohol, a excepción del vino y la cerveza, y próximamente en bebidas azucaradas), siempre preferibles a los incrementos en tributos directos que penalicen la creación de riqueza, la eliminación de deducciones en el Impuesto de Sociedades (cuyo tipo máximo, empero, continúa situándose en el 25%) y el ascenso de las bases máximas de cotización en un 3%, las políticas de rigor y reducción del gasto público no deberían abandonarse. No solo para cumplir el objetivo de déficit exigido por Bruselas, marcado en el 3,1% en 2017, sino para consolidar las bases de una economía saneada que afronte en mejores condiciones eventuales coyunturas de mayor dificultad y, sobre todo, de un sector público reducido pero eficaz, que no sea oneroso para los ciudadanos.

Sea como fuere, estos acuerdos en materia económica pactados entre los dos grandes partidos nacionales, y a pesar del (esperemos) transitorio ataque de celos de Albert Rivera por sentirse marginado de los mismos, tienen un indudable aspecto positivo de por sí: España, tras la incertidumbre de un año de un irresponsable bloqueo político felizmente superado, vuelve ahora a transmitir seguridad y estabilidad. Certeza que adquiere un valor especialmente elevado en estos tiempos políticamente convulsos de resultas del "Brexit", las dudas que despierta la próxima presidencia de Trump y la todavía latente amenaza de los populismos. El pragmatismo, el buen sentido y, por qué no, el sereno patriotismo de dos dirigentes políticos de altura como son Mariano Rajoy y Javier Fernández lo han hecho posible.

jueves, 1 de diciembre de 2016

GASTE YO CALIENTE, RÍASE... LA GENTE

Que el populismo de ultraizquierda que encarna el Mesías Iglesias (y no solo, porque menudo espectáculo lamentable ha dado estos días buena parte de la izquierda supuestamente moderada) haga panegíricos del cruel y sanguinario dictador Fidel Castro, que al fin y al cabo nunca ha dejado de ser uno de sus más luminosos faros ideológicos, no debería extrañarnos a estas alturas. Ni tan siquiera que las palabras pronunciadas en su literalidad por el mismísimo Líder Máximo a propósito de un debate sobre la "feminización" de la política plasmen su verdadera e íntima concepción del feminismo "progresista", muy similar al que defendía una Pilar Primo de Rivera, que tanta fortuna hizo en el primer franquismo: la mujer ha de desempeñar un papel protagonista, sí, pero en las labores asistenciales propias de su natural instinto maternal. Los supuestos extremos ideológicos suelen terminar tocándose, y además en este caso concreto la obra personal coincide plenamente con las proclamas; si bien cabe reconocer que, respecto a sus declarados deseos de "azotar hasta que sangre" a Mariló (que no Irene) Montero, algún avance se advierte. No, lo que verdaderamente escama en alguien que además presume de ejercer el liderazgo de la oposición "in pectore" es el escasísimo nivel de aquello que precisamente más se le ha elogiado por parte de propios y extraños: su preparación, conocimiento y puesta al día de los asuntos políticos, constitucionales y parlamentarios fundamentales. Deficiencia que, intervención tras intervención en el Congreso, y pese a su sobre el papel brillante currículum académico como politólogo, resulta cada vez más evidente.

Así, en su primer "cara a cara" parlamentario con el presidente del Gobierno, pretendía reprochar a Rajoy su supuestamente abusiva utilización del veto sobre iniciativas del legislativo que conlleven incrementos del presupuesto, práctica que además atribuía a, cómo no, una preceptiva sumisión a dictados procedentes de Berlín. Pero no, no es la malvada madrastra Angela Merkel, señor Iglesias: es ni más ni menos que la Constitución, cuyo artículo 134, punto 6, establece que "toda proposición o enmienda que suponga aumento de los créditos o disminución de los ingresos presupuestarios requerirá la conformidad del Gobierno para su tramitación". Una disposición tan de sentido común que la recoge nuestra Carta Magna desde su misma originaria concepción en 1978, en pleno consenso socialdemócrata; mucho antes, por tanto, que aquella reforma del artículo 135 tan denostada y tachada de "neoliberal" por esa izquierda más o menos radical, siempre manirrota con el dinero de los demás, que ni se atiene al principio económico básico de que los recursos son escasos ni, en consecuencia, le importa machacar a impuestos a los sectores más productivos de la sociedad ni endeudar a las próximas generaciones. Gaste yo caliente, ríase... la gente.

El problema reside, no solo en que a esta extrema izquierda bolivariana le falta precisamente rigor y sensatez, algo que "va de soi", sino en que su Mesías, tan supuestamente preparado políticamente y dotado intelectualmente, ha demostrado un desconocimiento supino de los contenidos y mecanismos más básicos de la Constitución española. Que la rechaza y desea suprimirla al chavista modo, está claro; pero mientras continúe en vigor sigue siendo la Ley de Leyes, y por tanto debería esforzarse en conocerla en profundidad. Posiblemente sea mucho pedir, pero ejercer un liderazgo de alto nivel político conlleva este tipo de sacrificios.

domingo, 27 de noviembre de 2016

POR QUÉ HA SOBREVIVIDO EL CASTRISMO A CASTRO

Que un tirano sanguinario y cruel como Fidel Castro nos haya abandonado nos permite congratularnos de que hoy el mundo es un poco mejor. Además, la historia, al contrario de lo que él mismo vaticinaba, jamás le absolverá: icono de lo que Carlos Rangel definió como "el buen revolucionario", prolongación del "buen salvaje" rousseauniano, sus insoportables e interminables soflamas típicamente marxistas, anticapitalistas, antiyanquis y "antiimperialistas" no han podido tener otro correlato que un régimen abyecto, criminal y totalitario. Al que, por cuanto lleva ya más de 57 años oprimiendo sin miramientos a los cubanos, de los que más de un millón han sido expulsados al exilio, y empobreciendo y arruinando a una antaño rica y desarrollada economía cubana, ya le cabe el dudoso honor de ser la dictadura más longeva y nociva de Hispanoamérica. Sobrevivió, por desgracia, a la caída del Muro de Berlín y, con él, a la disolución del (verdadero) imperialismo comunista soviético que le alentaba, sostenía y financiaba; y cuando agonizaba, obtuvo oxígeno del petróleo y otras materias primas de la Venezuela esquilmada por el régimen "bolivariano" de su emulador y pupilo Chávez.

La guerra fría produjo monstruos, y sin duda alguna el castrismo, que muy significativamente tiene a un terrorista y asesino compulsivo como el "Che" Guevara como emblema cuasi-religioso de su revolución, ha sido, además de especialmente dañino y perjudicial para la causa de la defensa de los derechos y libertades individuales en el mismísimo Occidente, el que ha terminado mostrando una capacidad de resistencia y supervivencia verdaderamente impensable. A ello ha contribuido la total ausencia de firmeza en el mundo libre para darle el tiro de gracia a semejante pieza del museo de los horrores. Así, ya a finales de los 80 en Hispanoamérica, a las mismas puertas del final de la guerra fría, mientras eran incesantes las presiones sobre el Chile del dictador (anticomunista) Pinochet para que diera paso a la democracia, lo que por fortuna acabó produciéndose, esas exigencias fueron prácticamente inexistentes hacia la Cuba de Castro. Pero, además, una vez consumada la derrota inapelable del comunismo en el Este europeo, sin embargo en Occidente, sobre todo en Europa, parecíamos más bien empeñados en, para mayor gloria de nostálgicos, mantener ese pequeño vestigio caribeño del totalitarismo porque, al fin y al cabo, ya no representaba peligro alguno para la estabilidad y seguridad mundial; hasta el extremo de asumir como argumentos de justificación de la distensión las mismísimas consignas de la propaganda castrista, tales como calificar de "mafia" y "ultraderecha" a la oposición en el exilio de Florida o presentar como "bloqueos" lo que no eran sino respuestas concertadas a derechos de propiedad atropellados.

Por desgracia, para cierta progresía política, mediática y "cultural" hubiera supuesto demasiado para sus ya de por sí heridos egos ideológicos asistir también al fracaso y derrumbe del que había sido su mayor ilusión de juventud: el sueño, convertido en pesadilla, de la revolución cubana. Y, desde luego, no se puede negar que, con la colaboración de un Occidente ensimismado, hicieron lo posible para que no ocurriera. Que los cubanos continuaran siendo víctimas de un régimen liberticida, represor y sanguinario parecía una mera exigencia del devenir de la historia; como lo es asimismo que el nefasto ejemplo castrista cundiera y se extendiera por Hispanoamérica con los triunfos de los populismos de izquierda en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, sobre todo, Venezuela, que bajo un chavismo inspirado en la satrapía de los Castro, que responde al nombre de "bolivarianismo", ha convertido en pocos años a un país desarrollado, próspero y con tradición republicana y democrática en una feroz y opresora dictadura plebiscitaria, una ruina económica y un auténtico infierno social. La guinda de la lamentable política de distensión occidental con el castrismo la puso el ahora presidente en funciones de los Estados Unidos, Barack Obama, con unos acuerdos de apertura económica y comercial que no han tenido la más mínima contrapartida en materia de derechos y libertades por parte del régimen cubano. Y así... hasta hoy mismo, con el dictador muerto en la cama.

La pregunta que cabe hacerse ahora es si la tiranía caribeña que ha dejado como triste legado el tiranosaurio superará por mucho tiempo la muerte de su propio hacedor. Sea como fuere, no va a ser nada fácil que las libertades lleguen por fin a Cuba, no solo por la referida y desgraciadamente ya proverbial inacción del Occidente democrático: su heredero al "comunista" modo, su hermano Raúl, ha dado ya sobradas muestras de que no está precisamente por la labor de dar paso alguno tendente al aperturismo hacia la democracia, por mucho que la propaganda procastrista, que todavía es muy poderosa en ámbitos mediáticos de la progresía, pretenda hacernos ver lo contrario. Porque, en ese sentido, Fidel sí que ha querido dejar todo "atado y bien atado" para que su muerte no lleve aparejado el fin del castrismo, su funesta obra. Aunque el mero hecho de que el dictador descanse ya para siempre y deje con ello de hacer el mal es ya por sí solo un motivo de esperanza para la Cuba libre y democrática.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

LA ALCALDESA DE ESPAÑA, PESE A LOS MEZQUINOS

 
No ha podido más. Rita Barberá, tras una implacable y feroz campaña de desprestigio personal, ha fallecido de un infarto de miocardio en un hotel de Madrid. Pese a todo, nada ni nadie va a impedir que se le recuerde como una magnífica alcaldesa para Valencia, ciudad que transformó, dinamizó y modernizó, y referente de los éxitos de gestión del Partido Popular. Verdaderas razones, y no otras, por las que ha sido objeto de un ensañamiento cruel desde el punto de vista político y mediático que, por cierto, continuaban incluso inmediatamente después de muerta los mezquinos y canallas que nunca descansan en su propósito de generar daño y rencor y convertir la vida política en un lodazal.

Mezquinos y canallas que tienen nombre y apellidos: aquellos que le niegan un minuto de silencio a quien jamás se le ha podido poner en duda su integridad, pero que en cambio recompensan y homenajean siempre que tienen ocasión a sus propios criminales, como tales condenados en sentencia judicial firme por delitos tan variopintos como asaltar propiedades, agredir a policías, cargos políticos electos y hasta cajeras de supermercado, portar explosivos con la intención de volar bancos no precisamente vacíos o abusar sexualmente de niñas y mujeres. En efecto, los delincuentes que moran en el Congreso: sí, esos mismos a los que se refería su jefe de filas, Iglesias Turrión. Tampoco podían faltar las terminales de la extrema izquierda que no tienen otro menester vital que esparcir basura de la peor especie por las redes sociales, a quienes cabe reconocer que demuestran cada día su capacidad para superar su propia e infinita ruindad. En fin: y era esta infecta patulea la que venía a regenerar y dotar de aire fresco a la supuestamente enrarecida y decadente política española. Pues aviados estábamos.

Pero afortunadamente el tiempo, ese juez insobornable que da y quita razones, termina poniendo a cada cual en su sitio. Como sin duda hará con Rita Barberá, una personalidad política de primerísimo nivel que, como pudimos comprobar quienes tuvimos la suerte de conocerla personalmente, hacía gala de un carácter muy mediterráneo: abierta, arrolladora, a veces impetuosa, pero de un inusitado olfato político. Cofundadora de Alianza Popular, ya en 1991 logró hacerse con la alcaldía de Valencia merced a su pacto con los regionalistas de Unión Valenciana, con lo que la capital del Turia se convirtió en referente de gestión municipal del nuevo PP de Aznar junto al Madrid de José María Álvarez del Manzano. Los resultados no tardaron en advertirse en una Valencia cada vez más próspera, pujante y dinámica: los valencianos la recompensarían en 1995 con una mayoría absoluta que revalidaría hasta en cuatro ocasiones. En 2015, aun con todo el viento en contra de la digestión de la crisis y una corrupción especialmente acentuada en la Comunidad Valenciana, y en la que por cierto se la ha querido involucrar y meter con calzador, logró de nuevo ser la candidata más votada en las urnas, pero la aplicación en Valencia de los pactos "de reparto" entre la ultraizquierda y el PSOE la expulsó de una alcaldía que ostentó con indudable éxito y apoyo popular durante 24 años. El mayor logro que ella misma destacaba: la celebración de la Copa América de vela, que conllevó además la remodelación de una fachada marítima que es toda una delicia.

Lo que vino después fue una auténtica cacería política, una encarnizada persecución personal que convirtió un merecido retiro dorado en el Senado en un infierno. Pero la presunción de inocencia, principio básico del Estado de Derecho con el que los promotores de los juicios mediáticos sumarísimos todavía no han podido acabar, la protegió hasta su misma muerte, y con ello su honor, el verdadero objetivo de su incomprendida estrategia de defensa, ha quedado absolutamente intacto. No, no se merecía este final, pero ahí nos deja su gran legado como auténtica "alcaldesa de España", que nada ni nadie va a conseguir emborronar. Que Dios la tenga en su gloria.

domingo, 20 de noviembre de 2016

AQUEL "HARA-KIRI" QUE DARÍA PASO A LA DEMOCRACIA

De que el franquismo sin Franco era absolutamente inviable, además de que España necesitaba evolucionar a la democracia dado el carácter obsoleto del régimen, era consciente la inmensa mayoría de la sociedad española. Hasta ese sector más proclive a votar a la derecha (aquello que se llegó a denominar, un tanto injustamente, "franquismo sociológico"), en el que cabía incluir también a una mayoría de dirigentes políticos procedentes del régimen franquista (que ingresarían en buena parte en la UCD de Suárez, y otros en la AP de Fraga), abogaba en líneas generales por una transición, eso sí, ordenada a la democracia. No en balde los principales motores del cambio fueron realmente tres pilares del régimen anterior: el propio don Juan Carlos, sucesor de Franco a título de Rey, que utilizó la misma Jefatura del Estado para impulsar los primeros pasos hacia la aprobación de una Constitución que convirtiera su propio poder en simbólico; Torcuato Fernández-Miranda, que desde la presidencia de las Cortes, y "de la ley a la ley", hizo posible convertir el sistema jurídico-político en incipientemente democrático partiendo de las Leyes Fundamentales del franquismo; y, por supuesto, Adolfo Suárez, anterior Ministro Secretario General del Movimiento, que como presidente del Gobierno supo propiciar el consenso para llevar adelante las reformas democráticas.

Buena prueba de la conciencia arraigada dentro del mismo régimen franquista acerca del necesario advenimiento de la democracia fue el "hara-kiri" que las propias Cortes franquistas se infligieron cuando aprobaron por mayoría aplastante (más de los dos tercios necesarios) la Ley para la Reforma Política, que, cabe recordar, proclamaba unos principios absolutamente contrarios al franquismo (soberanía popular, supremacía de la ley, inviolabilidad de los derechos fundamentales de la persona, electividad de diputados y senadores por sufragio universal, etc.), amén de establecer un procedimiento para la reforma constitucional. 425 procuradores votaron a favor, 59 en contra y 13 se abstuvieron: nada menos que un voto favorable del 82 por ciento tras un debate que rayó a gran altura dialéctica, donde destacaron especialmente Miguel Primo de Rivera (sí, un Primo de Rivera) y Fernando Suárez en el reformismo y José María Fernández de la Vega (sí, Fernández de la Vega) y Blas Piñar en el "bunker". El gesto de alivio desde su escaño en las Cortes de su impulsor, el entonces ya presidente del Gobierno Adolfo Suárez, tras conocer el resultado final de la votación, ha quedado como todo un símbolo histórico.

Para su definitiva ratificación, se convocó a referéndum al pueblo español, cuyos deseos de cambio hicieron desoír la recomendación de la oposición de izquierdas, que hizo campaña por la abstención, y del franquismo más ultramontano, que promulgaba el "no": así, con una participación nada menos que del 77 por ciento, votó a favor el 94,2 por ciento de los electores. La nación española se había pronunciado, por tanto, con meridiana claridad: había que devolverle su soberanía por medio de una Constitución de todos.

Pues bien, de tamaño acontecimiento histórico que, amén de suponer un acto político de una altura de miras absolutamente digno de reseñar, fue sin duda clave para el advenimiento de la democracia a España, se cumplió el pasado viernes 18 de noviembre nada menos que 40 años; precisamente el tiempo que se suele señalar para destacar la larga duración del régimen franquista. Sin embargo, se ha tratado de una efeméride que ha pasado prácticamente desapercibida, para más inri cuando todavía resuenan los ecos de los números circenses montados en el Congreso de los Diputados por quienes pretenden, no solo recabar de esta forma la atención mediática, sino sobre todo desprestigiar unas instituciones y poderes del Estado que emanan de la soberanía del pueblo español, tal y como establece una Constitución, la vigente, que los españoles nos dimos también en referéndum y de resultas de un consenso nacional ejemplar. Frente a aquellos que persiguen la ruptura para enterrar la reconciliación surgida de la transición y en último término volver a las andadas, esto es, que media España se imponga otra vez sobre la otra media, quienes defendemos la preservación del régimen constitucional de Monarquía parlamentaria debemos reivindicar el legado histórico de los Padres Fundadores de nuestra democracia y, por qué no, resaltar la generosidad y el patriotismo de quienes renunciaron a todos sus privilegios para hacer posible la llegada de las libertades a España. Y sin ningún complejo.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

POR SUS ACTOS LES CONOCERÉIS

El día que se supo que el senador de Podemos Ramón Espinar especuló en su momento, no con un piso "vacío" de su propiedad, sino con una vivienda de protección pública, esto es, con un inmueble promovido por iniciativa pública en el que no llegó a residir (con cuya inmediata venta obtuvo una ganancia de 30.000 euros brutos), se tiró de la "maldita" hemeroteca para terminar construyendo todo un listado de lecciones "tuiteras" de moral del interfecto. Aunque, claro, no es lo mismo, por ejemplo, que especule un banco o fondo "buitre" que él, que es "gente".

Obviamente, nadie ha acusado al señor Espinar de cometer ninguna ilegalidad (solo faltaba), pero sí de algo absolutamente rechazable desde el punto de vista ético, y máxime viniendo de quien durante tanto tiempo ha estado ejerciendo de implacable martillo de herejes, y especialmente sobre especulaciones inmobiliarias ajenas. Si Espinar Junior hubiese obtenido un beneficio de la venta de un piso adquirido en el mercado privado, nada habría que alegar (pese a que esas mismas prácticas merecen la descalificación más rotunda de la demagogia típicamente "podemita"); pero su ganancia fue como consecuencia de una maquinación con una vivienda de protección pública (con sus plazas de aparcamiento y garaje anexos, por cierto), esto es, promocionada con recursos del erario y dirigida a facilitar su acceso a quienes tienen dificultades económicas, y eso es lo reprobable. Mamma mía la que hubiesen montado estos hipócritas ultras de la llamada "nueva política", y la prensa en general, si, pongamos un Pablo Casado o algún joven del PP, hubiese realizado una operación especulativa parecida: no le pedirían tan solo su dimisión, sino su expulsión de España.

Poco después, salió el caso de Montse Galcerán, concejala "pro okupa" pero multipropietaria inmobiliaria. ¿Cómo íbamos a criticar los defensores de la propiedad privada y el libre mercado que alguien, sea cual sea su "estatus" social y/o profesional, invierta su dinero, ganado u obtenido de manera lícita, en lo que considere oportuno, como dos, tres, nueve o veinte inmuebles? Por supuesto que no. Lo que algunos denunciamos es el flagrante fariseísmo de aquellos que, amén de promover la "okupación" de viviendas particulares, incurren en exactamente aquellas mismas prácticas de lo que ellos condenan, criminalizan y califican como "especulación inmobiliaria" cuando son otros quienes los llevan a cabo, a los que en consecuencia tachan de seres socialmente insensibles, avaros, malvados y ruines. Porque con tales estrategias de agitación y propaganda, además de apelar irresponsablemente al rencor y los más bajos instintos (cuando no a cometer actos ilegales), en último término se engaña a esa misma "gente" a la que tanto evoca la izquierda antisistema.

A no ser, claro, que la señora Galcerán ponga a disposición de los "sin techo" y demás desheredados de la tierra los nueve inmuebles de su, sí, propiedad... Pero esos son hábitos más bien propios de, por ejemplo, Cáritas, ONG de la opresora y perversa Iglesia católica, que de cualquier "podemita" que se dedica todos los días a impartir lecciones de moral. Porque tres cuartos de lo mismo ocurre con el caso del "SinFuturo" Ramón Espinar y su ya célebre pelotazo con una vivienda de protección pública; que, por cierto, obtuvo el aplauso explícito del mismísimo Mesías Iglesias y el apoyo de una mayoría de militantes del chavismo que no dudaron en votarle como líder de la organización en Madrid. Y es que por sus actos les conoceréis.